viernes, 18 de abril de 2014

IDOLOS EN CARTON - RAFAEL BITRAN / FRANCISCO CHIAPPINI

Parece un libro; por lo menos tiene la forma de un libro. Pero mejor sería definirlo como un potente disparador
de recuerdos, o una máquina del tiempo para volver a la infancia y reencontrarse con las figuritas (¿quién no las coleccionó?).

En realidad, "Idolos en cartón" es una segunda parte. En 2002 Bitrán y Chiappini publicaron "Malditas difíciles" dedicado exclusivamente a las series de fútbol y que mereció incluso una exitosa muestra en el Centro Cultural Recoleta el año pasado. Faltaba la enorme variedad de figuritas dedicadas a los personajes del cine y la TV que colmaron los bolsillos de los delantales blancos entre los años 20 y 80.

Así, en las más de 120 páginas en colores del libro, el lector se encuentra con redonditas, cuadradas y chapitas del Capitán Piluso y Coquito, Martín Karadagian y sus titanes, Hijitus, el Zorro, Tarzán, el Increíble Hulk, Batman y Robin, los muchachos de la serie "Fama", King Kong, Kung Fu, la Pantera Rosa, B. J. y cuanto personaje animó las meriendas de los chicos, todos convertidos en figuritas.

De cada serie, los autores brindan la tapa del álbum, algunas figuritas y, en lo posible, también los sobrecitos. Y hay que ver cómo la imagen de esos pequeños objetos tan codiciados en la infancia como olvidados para siempre durante el paso hacia la adolescencia disparan recuerdos increíbles.

"Hay una figurita ovalada de un auto que pertenece a una colección de Tarzán que, vaya a saber por qué me hace acordar a un primo mío", dice Bitrán , como una invitación a una experiencia que merece ser probada.

IMÁGENES OLVIDADAS

Los lectores se exponen a imágenes de la infancia que evocan situaciones que se creían olvidadas para siempre (que, por suerte, estaban almacenadas en algún lugar del cerebro) y que se materializan de repente, al poner la piel de gallina.



"De eso se trata: de emocionar", agrega Bitrán, que, pese a su profesión de investigador, historiador y docente, se niega rotundamente a cualquier otro análisis sobre el tema.

"No me interesa intelectualizar esto. Para mí se trata, simplemente, de disfrutar las figuritas y valorarlas por el poder de catapultarnos al pasado y emocionarnos", dice.

Sin embargo, algunas conclusiones son inevitables. Bitrán nota, por ejemplo, que la gente que más valora sus libros y su hobby son aquellos que hoy tienen entre 25 y 45 años.

"Quizá porque se trata de una etapa de la vida en la que, por distintos motivos existenciales, uno se da cuenta de que tiene un pasado. Y el encuentro con las figuritas, creo, marca una especie de mojón que ayuda a ponernos en perspectiva", opina.

Para Bitrán, que comenzó coleccionando estampillas, luego revistas El Gráfico y hace más de una década pasó a las figuritas, este hobby tiene un sabor más que especial.

"En filatelia, si uno tiene plata, es fácil conseguir casi cualquier cosa. Pero las figuritas no tienen un mercado formal y hay muchísimo que ni con toda la plata del mundo se puede conseguir. Además, cada semana aparecen cosas nuevas", explica.



Y así es. Los misterios de las figuritas parecen infinitos. ¿Tenía álbum tal o cual serie? ¿Cómo era el sobrecito? O peor aún: ¿quién editó estas figuritas?

"Muchas veces, más allá de las grandes editoriales de figuritas como Starosta, Cromy, Crack o Stani, entre otras, se trataba de microemprendimientos, pequeñas empresas que evitaban dar a conocer cualquier tipo de dato, seguramente para evadir impuestos", dice Bitrán. "Estas series, justamente, suelen ser las más buscadas por los coleccionistas."

La publicación del libro fue un singular esfuerzo para los autores, que imprimieron apenas mil ejemplares en papel de alta calidad, sin ningún apoyo económico.

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